Miguel Campos con Ana Frank y los testigos del futuro: y otros ensayos
Este conjunto de ensayos quizás nos muestre cierta perspectiva del género, esa de la diversidad dentro de la unidad de intereses: aquello que puede acarrearse sin disolverse, la escritura que se impone al prestigio de la circunstancia. Relacionados con un tiempo, esa contemporaneidad no los hace legibles, ninguna crónica, policiaca, sociológica, sobrevive a un afán forense, los datos que la hacen elocuente suelen estar condenados a una referencialidad inmediata. Así, por ejemplo, la Venezuela o sus cercanías que aquí pudiera mostrarse deberá ser oída desde un gusto que no sea el de la información, la cultura misma suele estar atada a unos consumidores impacientes; quizás lo más provechoso sea buscar el placer de lo oblicuo, el tono personal de un solitario que escribe con lentitud y como de espaldas a un auditorio. No busquemos en estas páginas certidumbres ni acuerdos, y en ningún caso compromisos con un diálogo que santifique lo público, la voz personal que aquí fluye no busca consenso ni simpatías, sí la atención de quien lee desde otras lecturas y para fecundar la disidencia.